...EL GRAN DICTADOR...DISCURSO...CHARLES CHAPLIN...

sábado, 16 de enero de 2010

...EL RETO...


...Pocos son los hombres que construyen ciudades, la gran mayoría las habita...

...Pocos son los hombres que proyectan la construcción de un puente, la gran mayoría lo utiliza...

...Pocos son los hombres que levantan rascacielos y fábricas, la gran mayoría trabaja en ellos...

Igual que esos pocos privilegiados, la felicidad llegará a ti cuando TE ATREVAS a explorar... cuando TE ATREVAS a echar los cimientos de grandes estructuras para satisfacer las necesidades de tus semejantes.

Desarrolla dentro de ti la magnífica obsesión de ayudar a tus semejantes a que se ayuden a sí mismos. Motiva a los hombres a que desarrollen y utilicen todo su potencial, y así les estarás ayudando a levantar los cimientos más sólidos y a hacer estructuras gigantescas de sus vidas.

Cuando te hayas atrevido a desarrollar esta obsesión de ayudar a tus semejantes, habrás descubierto el significado de una vida más rica y abundante.

¡Te reto a que lo hagas!

viernes, 15 de enero de 2010

...EL CLUB DE LAS ABUELITAS...


Eran dieciocho mujeres. Mujeres ancianas, de cabello blanco. Mujeres que tenían el porte y el semblante de personas honestas, dignas, aplomadas en lo moral y maduras en lo espiritual. Dieciocho mujeres que iban y venían entre Arica y otras ciudades, como quien pasea de lo más desaprensivamente.
Sin embargo, formaban una mafia, «la mafia de las abuelitas». Esas ancianas se dedicaban al tráfico de drogas. Y llegaron a acumular una fortuna calculada en tres mil millones de pesos. Cuando por fin cayeron presas, fue motivo de gran asombro para todos los vecinos y conocidos.
Las blancas cabezas y los serenos semblantes presentaban un agudo contraste con el trabajo que realizaban. «Eran todas mujeres respetables en su comunidad —comentó el jefe de la policía de la Región Metropolitana—. Pero uno nunca termina de desengañarse de la gente.»
Siempre se ha supuesto que los años, las arrugas y las canas traen consigo la sabiduría. En los años de nuestra juventud se nos concede que hagamos travesuras y locuras, y que violemos normas y leyes. Pero al llegar los años de la senectud, se supone que debemos calmarnos y entrar en una vida reposada, sabia y serena. Aquellas ancianas hicieron todo lo contrario.
Todas ellas, con más de sesenta años de edad y ya abuelas, en lugar de ponerse a tejer conjuntos para sus nietos, como toda abuela normal, entraron en el negocio del narcotráfico. Y escudadas en su edad, su porte, su semblante y su buen nombre, cometieron un delito que las leyes penan severamente.
Es que los años y las canas no compran la sabiduría por sí solos. La vejez no es necesariamente, de por sí, la edad de la bondad, la justicia y la sabiduría. La verdad es que el ser humano puede ser tan malo a los ochenta años como lo fue a los veinte, los treinta o los cincuenta. El corazón no se cambia por sí solo. Carece de fuerza suficiente para ello. Nadie se autorregenera por más que se lo proponga o lo desee. Quien cambia al individuo, a cualquier edad, es el divino tesoro que permite la vida….

martes, 12 de enero de 2010

¡...CARPE DIEM....!...¡vive el día intensa y creativamente...!


¿Por qué te preocupas de tantas cosas? ¿Por qué llevas el peso de un ayer que lamentas, si ya no está en tus manos? ¿Por qué te angustia el temor de un mañana? Dale a cada día su afán. El ayer... pasó. El mañana.... no llegó.
No te aferres al pasado, ni a los recuerdos tristes. No reabras la herida que ya cicatrizó. No revivas los dolores y sufrimientos antiguos. Lo que pasó, pasó... De ahora en adelante, pon tus fuerzas en construir una vida nueva, orientada hacia lo alto y camina de frente, sin mirar hacia atrás. Haz como el sol que nace cada día, sin pensar en la noche que pasó.
Vive bien el hoy que tienes en tus manos. Deja el ayer que te atormenta. Deja el mañana que te inquieta. Piensa únicamente en que dispones de hoy. ¡Aprovéchalo! ¡Agradécelo! Piensa que hoy, es tu día. Con ayer no cuentas, con mañana tampoco. Para luchar.... Para vencer.... Para reparar.... Para amar.... cuentas con hoy.
Si te preocupas por cosas que ya pasaron y acerca de las cuales nada puedes hacer, mentalmente te encuentras ligado a un pasado que te lastima; los recuerdos desgastan la energía que tenemos disponible para vivir el presente. Por otra parte, las angustias ocasionadas por hechos que todavía no acontecieron, que se encuentran en un futuro, ya sea próximo o lejano, son también zonas de la mente que desgastan energéticamente. Si piensas en el pasado o en el futuro te inmovilizas en el presente, te quedas estático, imposibilitado de actuar adecuadamente, mientras tu mente viaja a regiones inútiles de tu existencia.
Programar el futuro, planear estrategias para alcanzar una meta racionalmente lógica, y emocionalmente aceptable hacia la cual dirigirse, es muy diferente a construir castillos de naipes para un futuro ilusorio. Si uno no trabaja en su presente para hacer realidad esos deseos, la energía que ha gastado construyéndolos es energía perdida. Del mismo modo, revisar y valorar las experiencias pasadas para extraer de ellas las lecciones que podamos emplear en el presente, es válido y deseable. Pero es muy diferente a estar "rumiando" experiencias dolorosas, ya que éstas alimentan una idea negativa acerca de uno mismo.

No mires al pasado mucho tiempo y al futuro cada momento. Aprende que la vida no es pasado ni futuro, la vida es cada segundo que respiramos, cada momento que reímos, cada momento que desperdiciamos sufriendo por el ayer y nos preocupamos por lo que quizá tenga que suceder.
Si viviéramos cada segundo de hoy como debiera ser, no nos afectarían tanto viejos recuerdos y dolorosos fracasos que en el presente no tienen nada qué hacer. Por eso cuando estés aferrado al ayer o tengas miedo de lo que pueda ser, recuerda que cada segundo es aquel que no ha de volver, como cada gota de agua que cae sólo una vez, como cada flor que crece y en otro momento florece, como el día de hoy que no mira hacia atrás para seguir adelante.
Pasado, presente y futuro, no son períodos en el tiempo, son períodos en la mente. Aquello que no está más frente a la mente, se vuelve pasado. Aquello que está frente a la mente es el presente y aquello que va a estar frente a la mente es el futuro. El pasado es aquello que no está ya más frente a ti. El futuro es aquello que no está aún frente a ti. Y el presente es aquello que está frente a ti y se está escurriendo de tu vista.
No te aferres al pasado... ¡Lo que se fue, se fue! El presente también se va a ir, y pronto será pasado. Tampoco te aferres al futuro porque el mañana se volverá hoy y luego se volverá ayer. Todo se va a volver un ayer. Todo se te va a escapar de las manos. El aferrarse simplemente te traerá sufrimiento. Tendrás que soltarte.
Nuestro sufrimiento, y nuestro dolor pasa por no saber soltarnos. Vivimos preocupados por el futuro y otras veces angustiados por situaciones del pasado que traemos una y otra vez a nuestra mente y las convertimos en presente y así seguimos sufriendo y sufriendo. Tenemos que comprender que nuestro tiempo, el único que vale, es el ahora... este momento...
Observemos a los niños, no saben de pasado, ni de presente, ni de futuro. Es de día cuando ven luz, es de noche cuando hay oscuridad, no conocen los relojes. Viven, se entregan y en esa entrega minuto a minuto se sueltan, disfrutan el momento. No logran comprender a los adultos. A veces hasta nos miran extrañados. Nos ven correr, nos ven llorar, nos ven ansiosos y demás. Y ellos; esos "locos bajitos" nos están enseñando y a su vez recordando que la vida es maravillosa si sabemos ubicarnos en el ahora, en este instante.
Parece complicado. Algunos pensarán: qué simple es decirlo pero qué difícil aplicarlo, pero sólo toma un minuto: este. Soltarse, es saber vivir. Tu tiempo es ahora. ¡Vamos, levántate... porque la luz del sol está afuera!

sábado, 9 de enero de 2010

¿...YO TENGO DERECHO A SER FELIZ...?


"Yo tengo derecho a ser feliz", me decía un amigo al anunciarme su propósito de abandonar a su mujer y a sus hijas para formar una nueva familia con otra mujer.
Me impresionaba que una persona adulta e inteligente estuviera decidida a echar por la borda quince años de vida familiar arguyendo que la felicidad es un derecho como los de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
No es fácil aclararse sobre a qué llamamos felicidad.
Algunos creen que es un estado de ánimo y pretenden encontrarla en la euforia de la borrachera o de la droga o en los libros de autoayuda.
Para otros, es la satisfacción de todos los deseos y, como están insatisfechos, se sienten casi siempre tristes.
De hecho, lo que está más en boga es la identificación de la felicidad con el sentirse querido, con el estar enamorado.
Quizá por ese motivo vuelan por los aires tantos vínculos matrimoniales, esclerotizados por la erosión del tiempo, el aburrimiento mutuo o el desamor infiel.

Ya Aristóteles, hace más de dos mil trescientos años, advirtió que la felicidad no era algo que pudiera buscarse directamente, esto es, algo que se lograra simplemente porque uno se lo propusiera como objetivo. Como todos hemos podido comprobar en alguna ocasión, quienes ponen como primer objetivo de su vida la consecución de la felicidad son de ordinario unos desgraciados.

La felicidad es más bien como un regalo colateral del que sólo disfrutan quienes ponen el centro de su vida fuera de sí.
En contraste, los egoístas, los que sólo piensan en sí mismos y en su satisfacción personal, son siempre unos infelices, pues hasta los placeres más sencillos se les escapan como el agua entre los dedos.
Me gusta pensar que, en vez de un derecho, la felicidad es un deber.

Los seres humanos hemos de poner todos los medios a nuestro alcance para hacer felices a los demás; al empeñar nuestra vida en esa tarea seremos nosotros también felices, aunque quizá sólo nos demos cuenta de ello muy de tarde en tarde.

"Siempre alegres para hacer felices a los demás".
El secreto más oculto de la cultura contemporánea, es que los seres humanos sólo somos verdaderamente felices, dándonos a los demás.

Sabemos mucho de tecnología, de economía, del calentamiento global, pero la imagen que sistemáticamente se refleja en los medios de comunicación muestra que sabemos bien poco de lo que realmente hace feliz al ser humano.

La felicidad no está en la huida con la persona amada a una paradisíaca playa de una maravillosa isla del Caribe, abandonando las obligaciones cotidianas que, por supuesto, en ocasiones pueden hacerse muy pesadas.
La felicidad no puede basarse en la injusticia, en el olvido de los compromisos personales, familiares y laborales.
La felicidad –respondí a mi amigo con afecto– no es un derecho, sino que es más bien resultado del cumplimiento –gustoso o dificultoso– del deber y aparece siempre en nuestras vidas como un regalo del todo inmerecido, como un premio a la entrega personal a los demás, en primer lugar, al cónyuge y a los hijos.

martes, 5 de enero de 2010

...EN EL FONDO DEL POZO...



Por más brillante y rica que sea una persona, se encontrará en el fondo del pozo en algún momento de su vida, pero el ideal, es que tales momentos sean puntuales y raros. Y lo serán, si nos preparamos para salir de ellos, antes de que sucedan. No tengas miedo de esos momentos, pues van a ocurrir de cualquier forma. Son esa parte de la existencia sobre la cual no tenemos control. Por eso es mejor desde ya, tener en mente un pensamiento que nos va a ayudar mucho: "La ventaja, de estar en el fondo del pozo, es que cualquier movimiento nos lleva hacia arriba."

Esos momentos pueden causarnos pánico y recelo sobre el futuro. Desafortunadamente, la mayoría de las personas hemos sido enseñadas a sufrir por el dolor del fracaso, pero no sobre cómo usar lo aprendido de esos fracasos para construir los nuevos caminos con dirección a la victoria; aprendemos sobre las lágrimas de la amargura, pero no sobre cómo usar esas lágrimas para volvernos mejores personas, día tras día; nos dijeron sobre la soledad de la pérdida, sin jamás acordarse de la importancia de que, cuando estemos solos, nos detengamos para reflexionar sobre lo que debemos cambiar, para que las pérdidas no se repitan.

Verdaderamente, escuelas, facultades y gran parte de nuestra sociedad nos enseñan que el fracaso, la pérdida y la falla son cosas horribles, lo que muchas veces es cierto, pero casi nunca nos enseñan lo que tenemos que hacer para salir del fondo del pozo.

Por más dolor que sientas, todo eso por lo cual estás pasando es una dolorosa percepción. Una evaluación de la realidad con base en el desastre. Tu dolor es muy real, pero es necesario comprender que el dolor necesita ser contenido, para que podamos pensar y actuar, para colocar nuestra vida en el carril nuevamente. Por eso, cuando estés caído en el fondo del pozo, descansa un poco y mira a tu alrededor. Duerme, si es preciso. Llora, si es preciso. Pero, después de algún tiempo, sal de allí. No verás nada; por algunos momentos, estará oscuro y te sentirás perdido. Eso es natural. Pero, vamos a buscar lo que también es natural: es natural que tú, habiendo tropezado con uno de los puntos bajos de tu vida, solamente necesites hacer un movimiento y ya estarás más próximo de la salida.

No te preocupes en olvidar el dolor, pues él es parte de ti. Son las cicatrices las que te vuelven una persona más completa, más rica internamente, más viva. Puede ser que tardes y que tengas que "resbalar" mucho, pero echarle la culpa a una persona o situación (aunque sean culpables) no va a sacarte a ti, o a tus sueños, del fondo del pozo. Solamente la acción puede generar resultados.

Acuérdate de que la ventaja de estar en el fondo del pozo, es que cualquier movimiento nos lleva hacia arriba. Busca la salida, levántate y recomienza el camino. Mientras más pronto, mejor.

Si hemos caído a lo profundo el pozo es porque podemos salir, pensemos que no siempre estaremos allí y que el sufrimiento nos hace madurar, que pensemos profundamente más adelante en lo que hacemos o los planes que tenemos, esta experiencia nos ayuda muchísimo a ser mejores personas porque entendemos a las que atraviesan una situación semejante, por tanto no nos quejemos sino que tengamos claro que nos siempre estaremos allí y que hay un futuro mejor para nuestro bien.

sábado, 2 de enero de 2010

...JUAN 3:16...


Se desató una tormenta de nieve en medio de la noche lúgubre y fría en la ciudad de Punta Arenas. Mientras la gente entraba y salía por las puertas de las casas tratando de refugiarse en sus abrigos del helado temporal, un niño vendía periódicos en una esquina. Tenía demasiado frío como para preocuparse por la escasez de clientes. Al rato se acercó a un Carabinero y le preguntó:
—Señor, ¿conoce usted un lugar donde un niño pobre como yo pudiera pasar la noche sin tanto frío? Es que por lo regular duermo en una caja ahí a la vuelta de la esquina en el fondo del callejón, y la verdad es que esta noche hace demasiado frío. ¡Qué bueno sería dormir en un lugar protegido del frío!
El Carabinero se compadeció de la condición del niño y le dijo:
—Ve a esa casa blanca grande al final de la cuadra y toca a la puerta. Cuando alguien salga a ver quién es, tú sólo contesta: «Juan 3:16», y verás que te dejarán entrar.
El niño le dio las gracias al Carabinero y siguió sus instrucciones. Cuando llegó a la casa, tocó a la puerta y se asomó una mujer. Él la miró y le dijo:
—Juan 3:16.
La mujer respondió:
—¡Bienvenido, hijo! Entra.
Y lo tomó de la mano, lo acomodó en un sillón frente a una gran chimenea y salió de la sala. El niño se arrellanó en el sillón y pensó: «Juan 3:16... No lo comprendo, pero ¡sí que le da calor a un niño que tiene frío!»
Pasados unos minutos, la mujer regresó y le preguntó:
—¿Tienes hambre?
Él contestó:
—Bueno, un poco. No he comido casi nada en los últimos dos días, así que me encantaría algo de comer.
La mujer lo llevó a la cocina y le sirvió una tras otra porción de comida deliciosa que él comió hasta hartarse. Entonces el niño volvió a pensar: «Juan 3:16... Todavía no lo comprendo, pero ¡sí que satisface a un niño hambriento!»
Luego la mujer lo llevó al segundo piso y le preparó un baño con agua tibia y jabón espumoso. En la tina, el niño pensó: «Juan 3:16... Aún no lo comprendo, pero ¡sí que limpia a un niño sucio! ¡Y este es el primer baño de verdad que he tenido en toda mi vida!»
Después que el niño terminó de bañarse, la mujer lo llevó a un amplio cuarto, lo arropó bien en una cama, le dio un beso y apagó la luz. En la oscuridad apenas podía divisar a través de la ventana la nieve que caía esa noche fría, y volvió a pensar: «Juan 3:16... todavía no lo comprendo, pero ¡sí que le da reposo a un niño cansado!»
Cuando el muchachito despertó al día siguiente, la mujer le sirvió el desayuno, lo volvió a acomodar en el sillón frente a la chimenea, abrió un libro grande y le explicó que Juan 3:16 dice que el Cristo nos amó tanto que puso su vida por nosotros; también nosotros debemos ser solidarios en un cien por ciento con todos los seres humanos y muy especialmente con la gente desposeída y los niños pobres… Ante esto, el niño no pudo menos que pensar: «No lo comprendo, pero ¡…sí que le da seguridad a un niño que no tiene dónde vivir…!»

viernes, 1 de enero de 2010

...PRIMER DÍA DE CLASES... PARA LAS BUENAS VIBRAS...


...No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida, ni tengo respuestas para tus dudas o temores, pero puedo escucharte y compartirlo contigo. No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro. Pero cuando me necesites estaré junto a ti. No puedo evitar que tropieces. Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas. Tus alegrías, tus triunfos y tus éxitos no son míos. Pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz. No juzgo las decisiones que tomas en la vida. Me limito a apoyarte, a estimularte y a ayudarte si me lo pides. No puedo trazarte límites dentro de los cuales debes actuar, pero sí te ofrezco el espacio necesario para crecer. No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parta el corazón, pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo. No puedo decirte quien eres ni quien deberías ser. Solamente puedo quererte como eres y ser tu amigo. En estos días pensé en mis amigos y amigas, entre ellos, apareciste tú. No estabas arriba, ni abajo ni en medio. No encabezabas ni concluías la lista. No eras el número uno ni el número final. Y tampoco tengo la pretensión de ser el primero, el segundo o el tercero de tu lista. Basta que me quieras como amigo…